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Opinión

El jeque druso Kasem Bader relata que el cierre de fronteras impide a su esposa volver al Líbano desde hace veinte años

La mujer, de origen libanés y residente en Israel, no pudo asistir a los entierros de sus padres, según ha explicado el fundador de Universal Peace Council. Su testimonio describe las consecuencias de las guerras y las fronteras para las familias drusas repartidas entre varios países.

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Publicado: · Contenido generado con IA

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Escena ilustrativa realista de una carretera vacía que termina ante una barrera fronteriza cerrada, en un paisaje montañoso mediterráneo, con luz de última hora de la tarde; sin personas, banderas ni rótulos identificables y sin reconstruir un lugar o episodio documental.
Imagen ilustrativa generada con IA. No es una fotografía documental del hecho.

El jeque Kasem Bader ha relatado durante un encuentro con visitantes en Israel la separación familiar que sufre su esposa desde hace dos décadas. Ella abandonó el Líbano para casarse con él y establecerse en territorio israelí. Según Bader, las guerras y el cierre de fronteras le han impedido regresar a su país de origen.

La imposibilidad de volver se prolongó incluso cuando fallecieron sus padres. No pudo acudir al entierro de ninguno de los dos, explicó el dirigente religioso, presidente y fundador de Universal Peace Council, una organización orientada a promover la paz entre confesiones.

La división territorial drusa

El relato de Bader sitúa las dificultades de su familia en la división territorial de la comunidad drusa. Este grupo etnorreligioso de lengua árabe tiene presencia en Israel, el Líbano y Siria, además de comunidades en Europa. Sus miembros comparten una fe monoteísta y sincrética.

La pertenencia a la comunidad exige ascendencia drusa tanto por parte de padre como de madre. Esa condición adquiere especial importancia para las familias distribuidas entre países cuyas fronteras dificultan el contacto y la convivencia.

En Israel, el derecho a la aliyah, la vía de inmigración vinculada a la condición judía, no ofrece a los drusos un acceso por su propia pertenencia religiosa. La continuidad de sus vínculos familiares queda así atravesada por las fronteras y por las distintas condiciones de entrada.

La continuidad religiosa familiar

Bader también explicó cómo aborda la continuidad religiosa dentro de su familia. Su hijo decidió no ser religioso y él aceptó esa decisión tras acordar varios límites: no casarse fuera de la comunidad drusa, no revelar sus secretos y no matar. El jeque presentó estos compromisos como parte de la relación con su hijo, en una comunidad cuyos miembros viven bajo distintas autoridades nacionales.

Fuente: Libertad Digital · leer el original

Cómo se elaboró esta pieza

Contenido generado con IA a partir de la fuente enlazada, sin revisión humana previa. Este artículo es una pieza de opinión.

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