Chelsea Follett publica un libro que confronta la nostalgia preindustrial con sus costes humanos
La autora de The Grim Old Days: An Introduction to the Preindustrial Past recorre 27 ámbitos de la vida cotidiana para cuestionar la idealización del pasado. Su análisis contrapone esa imagen a las enfermedades, la precariedad sanitaria y la violencia que describe en la obra.
El libro de Chelsea Follett, recién publicado, aborda asuntos como el nacimiento, el matrimonio, la alimentación y la medicina. Su tesis es que la visión de una sociedad más sencilla y apegada a la comunidad deja fuera las condiciones materiales y el sufrimiento de quienes vivieron antes de la industrialización.
La odontología ocupa uno de los capítulos. Follett documenta la presencia habitual de caries, incluso entre la realeza, y describe extracciones sin anestesia que podían provocar fracturas de mandíbula, hemorragias y muertes por sepsis. El cuidado dental le sirve para mostrar la distancia entre aquella vida cotidiana y la actual.
La higiene y el abastecimiento de agua constituyen otro eje del recorrido. La autora describe asentamientos rodeados de basura y excrementos, así como ciudades cuyos ríos funcionaban a la vez como alcantarillas y fuentes de agua para el consumo. Esas condiciones favorecían la propagación de enfermedades.
En el terreno médico, Follett presenta prácticas sin base científica que podían empeorar el estado de los pacientes. También destaca los riesgos del parto para las mujeres y la dificultad de alcanzar una edad avanzada en sociedades expuestas de forma recurrente a epidemias.
Más allá de la salud
El examen del pasado no se limita a la salud. La obra aborda la violencia cotidiana y la crueldad hacia las mujeres y los animales. Entre los ejemplos figura una norma londinense de 1595 que prohibía los gritos repentinos asociados a la violencia doméstica después de las nueve de la noche. Follett interpreta que su propósito era controlar el ruido, no proteger a las víctimas.
La autora distingue, por último, entre apreciar el legado cultural de aquellas sociedades e idealizar sus condiciones de vida. Su conclusión es que hoy se puede disfrutar del arte del Renacimiento sin asumir los riesgos sanitarios de su época: conservar lo valioso del pasado no exige presentar como deseable el mundo que lo produjo.
Fuente: Libertad Digital · leer el original
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