Mariana Enriquez explora los miedos contemporáneos a través de los monstruos clásicos en su nuevo ensayo
En Conversación con la oscuridad, la escritora argentina recorre las claves del gótico y reivindica el valor del terror más allá de sus interpretaciones políticas y sociales.
Mariana Enriquez reúne en Conversación con la oscuridad, publicado por Páginas de Espuma, sus reflexiones sobre cómo el gótico y el horror representan los temores de cada época. El ensayo nace de años de escritura, investigación, clases y conferencias, y combina referencias a la literatura, el cine, la música y la cultura popular.
La autora argentina plantea que los monstruos clásicos conservan su presencia, pero no un significado fijo. Cada generación los transforma según sus inquietudes y encuentra en ellos una forma de representar aquello que no comprende. Desde esa perspectiva, vincula a la criatura de Frankenstein con HAL, el ordenador de 2001. Una odisea del espacio, y con las inteligencias artificiales de las ficciones actuales.
El parentesco, sostiene Enriquez, reside en el temor a que una creación humana adquiera una autonomía imposible de controlar. A esa amenaza añade otra: la disposición de las personas a atribuir sentimientos e intenciones semejantes a los propios a una inteligencia artificial, hasta establecer con ella una intimidad que pueda resultar engañosa.
El vampiro le permite seguir otra transformación cultural. La escritora recuerda que, durante la pandemia del sida, la combinación de sexo, sangre y muerte adquirió una resonancia particular en la lectura de obras como Entrevista con el vampiro, de Anne Rice. Después, interpreta el éxito de Crepúsculo como una expresión del protagonismo adolescente en el consumo, aunque reconoce que esa lectura es discutible.
En su interpretación del presente, Enriquez compara a los multimillonarios tecnológicos que aspiran a vivir para siempre o escapar a Marte con vampiros contemporáneos. La analogía sitúa la inmortalidad como una fantasía de privilegio económico y de protección frente a las amenazas de la propia época.
La escritora se resiste, sin embargo, a que esas correspondencias agoten el género. Defiende que el terror tiene una entidad propia y no necesita legitimarse como metáfora de asuntos sociales. El miedo a la muerte o a lo desconocido, argumenta, también pertenece a una experiencia humana que excede la política.
Enriquez atribuye además a la ficción una doble función: entretener y ofrecer una distancia segura desde la que pensar lo insoportable. Entre los referentes que menciona al reflexionar sobre el oficio de provocar miedo figuran Stephen King y Shirley Jackson.
Fuente: elmundo.es · leer el original
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