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Opinión

Los goles de Alsúa II explican mejor su carrera que el mito del genio iracundo

La trayectoria del futbolista que pasó por el Real Madrid y encontró en Santander su principal escenario merece una lectura que no confunda talento con temperamento ni quede absorbida por su muerte violenta.

eldiarioLIBERAL

Publicado: · Contenido generado con IA

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Campo de fútbol modesto del norte de España, vacío, con césped húmedo, una portería y una grada antigua bajo un cielo nublado; un balón de cuero gastado junto a la línea de banda, sin personas ni escudos visibles.
Imagen ilustrativa generada con IA. No es una fotografía documental del hecho.

La memoria de Rafael Alsúa Alonso debería descansar más en su fútbol que en la etiqueta del genio iracundo. Sus 256 partidos y 94 goles permiten hablar de una carrera con producción deportiva, no solo de una colección de regates, enfrentamientos y anécdotas. Convertir el mal carácter en la explicación de un jugador resulta tan insuficiente como utilizarlo para engrandecer su talento.

Nacido en Irún el 9 de mayo de 1922, Alsúa II siguió a su hermano Antonio hasta el Real Madrid, pero no reprodujo su trayectoria. Rafael llegó después de jugar apenas cinco encuentros con Osasuna en la temporada 1942-43. En el equipo madrileño volvió a quedarse en cinco partidos: las posiciones de interior estaban ocupadas por Barinaga y Chus Alonso. Ese obstáculo concreto explica mejor su escasa presencia que cualquier apelación a un destino de futbolista incomprendido.

Su recorrido posterior tampoco fue una progresión ordenada. Pasó por Córdoba, Gimnástica Burgalesa, Valencia, Real Sociedad y Racing, entre otros clubes. Santander lo recuperó en una de sus etapas por 800.000 pesetas, un récord de traspaso en España. Ese desembolso ofrece una medida del valor que se concedía a su juego más tangible que los elogios retrospectivos.

La selección aporta otro contraste útil. Disputó dos partidos ante Turquía en 1954 y marcó el cuarto gol de la victoria española por 4-1. No participó en el desempate de Roma que dejó a España fuera del Mundial de Suiza. Ni aquella convocatoria convierte su carrera en una consagración permanente ni su ausencia posterior borra lo que había conseguido.

Su muerte exige un plano distinto. Alsúa falleció el 2 de enero de 1994, a los 71 años, después de caer desde la ventana del sanatorio de Santander donde se recuperaba de una embolia. El periodista Fran Díez atribuyó a su hijo la agresión y su lanzamiento por la ventana, y sostuvo que el exfutbolista había mantenido aterrorizada a su familia.

Esa dimensión no debe ocultarse, pero tampoco emplearse como desenlace que supuestamente explica todo lo anterior. Una memoria rigurosa puede reconocer el rendimiento del jugador y abordar las acusaciones sobre su vida privada sin convertir una cosa en justificación de la otra. El talento no absuelve; la tragedia tampoco sustituye al análisis deportivo.

Fuente: elmundo.es · leer el original

Cómo se elaboró esta pieza

Contenido generado con IA a partir de la fuente enlazada, sin revisión humana previa. Este artículo es una pieza de opinión.

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