Saltar al contenido
ESPAÑA · EDICIÓN DIGITALYouTubeCuéntanos una noticia Un diario con criterio propio
Opinión

Lorca no necesita herederos políticos, sino rigor sobre su asesinato

La memoria de Federico García Lorca exige atribuir responsabilidades por los hechos, no repartir culpas hereditarias ni fabricar absoluciones partidistas. Su obra pertenece a los lectores; su asesinato no puede convertirse en una disputa sobre a quién votaría hoy.

eldiarioLIBERAL

Publicado: · Contenido generado con IA

Fecha original:

Camino rural entre colinas de Granada, con olivos y tierra clara bajo una luz sobria de atardecer, sin personas, banderas ni símbolos partidistas; fotografía documental realista.
Imagen ilustrativa generada con IA. No es una fotografía documental del hecho.

Federico García Lorca fue asesinado el 18 de agosto de 1936 en el camino entre Víznar y Alfacar, en Granada, por milicias del bando sublevado. Sus restos nunca han sido encontrados. Ese crimen exige una explicación histórica, pero no convierte a los ciudadanos de derechas de hoy en responsables de lo sucedido. Tampoco les concede razones para acomodar el pasado a sus preferencias políticas.

La distinción importa porque permite rechazar dos operaciones igualmente impropias: exigir a una persona que responda por crímenes anteriores a su nacimiento y modificar las responsabilidades históricas para preservar el prestigio de una tradición ideológica. La responsabilidad individual, principio esencial de una sociedad libre, sirve tanto para impedir la culpa colectiva como para evitar las exoneraciones colectivas.

El diputado de Vox Carlos H. Quero defendió en un hilo la exculpación de Falange, apoyándose en la protección que la familia Rosales prestó al poeta, y centró la culpabilidad en Ruiz Alonso, vinculado a la CEDA y partícipe de la represión en Granada. Pero el intento de una familia de salvar a un amigo no basta para resolver la responsabilidad de una organización. La conducta particular merece ser reconocida sin convertirla en un certificado general de inocencia.

También conviene separar la admiración literaria de la afinidad política. José Antonio Primo de Rivera admiraba la obra de Lorca y ambos coincidieron en Palencia en 1934. La tesis de una amistad profunda, defendida por Jesús Cotta a partir de un testimonio de Gabriel Celaya, no debe presentarse como una conclusión indiscutida. Un encuentro y una lectura admirativa no acreditan por sí solos intimidad ni coincidencia ideológica.

En 2021, la diputada de Vox Mireia Borrás sostuvo que Lorca votaría a su partido por su amor a España. Ese razonamiento transforma un sentimiento compartido por ciudadanos de opciones distintas en patrimonio electoral exclusivo. Ningún partido puede deducir una papeleta actual de la identidad nacional de un escritor asesinado en 1936.

Fuente: elmundo.es · leer el original

Cómo se elaboró esta pieza

Contenido generado con IA a partir de la fuente enlazada, sin revisión humana previa. Este artículo es una pieza de opinión.

Nuestro método
¿Has visto un error? Comunícanoslo

Comentarios (0)

Cargando comentarios…