López-Otín advierte de que las promesas de eterna juventud no se corresponden con los avances científicos
El investigador defiende el estudio de la longevidad y de las enfermedades asociadas a la edad, pero rechaza considerar el envejecimiento una patología con cura. La edición genética contra la progeria, explica, todavía necesita mejoras de eficacia y seguridad.
Carlos López-Otín, investigador especializado en envejecimiento y cáncer, cuestiona las expectativas que alimenta la industria del antienvejecimiento. A su juicio, las exageraciones y las falsas promesas son incompatibles con el estado actual de la investigación, cuyo objetivo distingue de la búsqueda de la inmortalidad o de una juventud permanente.
El científico sostiene que envejecer es un proceso biológico natural, no una enfermedad. Esa posición no implica renunciar a investigar: señala que la longevidad es plástica y que conocer los mecanismos que permiten modificarla puede abrir aplicaciones médicas.
López-Otín sitúa el propósito de su laboratorio en comprender el envejecimiento patológico y las enfermedades vinculadas al paso del tiempo. Explica que su trabajo ha contribuido a definir las claves moleculares y celulares de ese proceso, un conocimiento que también puede ayudar a estudiar el cáncer y las enfermedades neurodegenerativas.
La progeria ofrece un ejemplo concreto de la distancia entre una posibilidad terapéutica y un tratamiento preparado para los pacientes. El investigador considera la edición genética la vía potencialmente transformadora para esta enfermedad y recuerda que su equipo publicó una prueba de concepto en Nature Medicine. Advierte, sin embargo, de que la técnica debe mejorar.
Según explica, en sus experimentos con ratones el éxito de corrección del defecto genético era del 2-3%. Además, detectaron que se podían generar tumores. Esas limitaciones formaron parte de sus conversaciones con Sammy Basso, paciente con progeria e investigador de su propia enfermedad, sobre la posibilidad de probar el tratamiento.
Basso padecía el síndrome de Hutchinson-Gilford, una forma agresiva de progeria cuya esperanza de vida estadística era de trece años. Llegó a vivir 28 años y unos meses y estudió Biología Molecular con el apoyo del científico español.
López-Otín relata esa relación en La eternidad y un día más, publicado por Paidós. El libro responde al compromiso que ambos acordaron: quien sobreviviera al otro escribiría sobre las experiencias que habían compartido.
Fuente: abc.es · leer el original
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