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Opinión

La pareja perfecta de 'Wicker' no basta si no puede elegir

La fábula protagonizada por Olivia Colman y Alexander Skarsgård permite leer el deseo de compañía desde una incomodidad distinta: escapar del rechazo no resuelve qué libertad conserva quien ha sido creado para complacernos.

eldiarioLIBERAL

Publicado: · Contenido generado con IA

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Interior rústico de estética medieval, con una cesta de pescado junto a la puerta y una figura humana tejida en mimbre sentada ante una mesa de madera, iluminada por una ventana lateral; sin personas reconocibles.
Imagen ilustrativa generada con IA. No es una fotografía documental del hecho.

El problema más fértil de Wicker no es que un marido de mimbre resulte mejor compañero que los hombres del pueblo, sino qué significa esa perfección si su capacidad de elegir está en duda. La atención, la colaboración doméstica y la entrega sexual pueden describir una relación satisfactoria; por sí solas, no permiten saber si es una relación entre iguales.

La película sitúa a Olivia Colman en una comunidad de estética medieval donde las personas se identifican por su oficio. Su personaje, Pescadora, padece el aislamiento y el rechazo de unos vecinos que la apartan por el olor asociado a su trabajo. Esa identificación exclusiva entre persona y ocupación ofrece una clave para interpretar la fábula: el pueblo reduce a sus habitantes a la función que desempeñan.

El encargo de un esposo a un artesano rompe ese reparto. Pescadora deja de aceptar la soledad que otros le han impuesto y busca una compañía al margen de las posibilidades que le concede su entorno. La fabricación del marido admite así una lectura emancipadora: una mujer rechazada toma la iniciativa sobre su vida afectiva y su deseo.

Pero la solución reproduce una dificultad del mundo del que intenta escapar. Si a ella la comunidad la encierra en su oficio, él nace destinado a satisfacer a su esposa. El personaje de Alexander Skarsgård es atento, participa en las tareas del hogar y se dedica al placer de su compañera. La cuestión de su libre albedrío impide confundir automáticamente ese comportamiento con una elección amorosa.

La envidia de las mujeres y la suspicacia de los hombres proporcionan el mecanismo de sátira social. Sin embargo, el interrogante sobre la voluntad del esposo ofrece una tensión menos cómoda que la burla a unos vecinos hostiles: también quien sufre una imposición puede construir su felicidad alrededor de una función asignada a otro.

Presentada en Sundance y basada en un cuento, Wicker combina esa pregunta con erotismo y conversaciones francas sobre el deseo. Su premisa invita a distinguir entre obtener cuanto se necesita y compartir la vida con alguien libre. La pareja perfecta no sería entonces la que nunca contradice nuestros deseos, sino aquella cuya entrega no exige renunciar a los propios.

Fuente: Libertad Digital · leer el original

Cómo se elaboró esta pieza

Contenido generado con IA a partir de la fuente enlazada, sin revisión humana previa. Este artículo es una pieza de opinión.

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