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Opinión

La libertad de elegir el último adiós empieza por hablarlo en casa

La preferencia por un funeral civil apenas supera a la del católico. Más revelador es que menos de la mitad de los españoles haya explicado a su familia cómo quiere despedirse: personalizar una ceremonia debería empezar por conocer la voluntad del fallecido.

eldiarioLIBERAL

Publicado: · Contenido generado con IA

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Interior cotidiano de un salón español, con un álbum de fotografías familiares abierto sobre una mesa de madera, dos tazas y luz natural de otoño entrando por la ventana, sin personas visibles.
Imagen ilustrativa generada con IA. No es una fotografía documental del hecho.

La libertad de elegir el propio funeral necesita una conversación previa, no una victoria de lo civil sobre lo religioso. Una despedida puede consolar a quienes permanecen sin borrar las convicciones de quien ha muerto. Ese debería ser el criterio para valorar la personalización de las ceremonias: cuánto respeta a la persona, no cuánto se aparta de una liturgia.

La encuesta del Observatorio de los Servicios Funerarios sitúa en el 39% a los españoles que prefieren un funeral civil y en el 38% a quienes optan por uno católico. Esa proximidad invita a defender la convivencia de ambas opciones. Ninguna preferencia necesita convertirse en norma social para ser legítima, ni la elección de una ceremonia permite establecer una jerarquía entre las distintas maneras de afrontar la pérdida.

El dato que merece mayor atención es otro: solo el 47% ha hablado con su familia sobre cómo le gustaría que fuera su despedida. Además, el 45% evita pensar o conversar sobre cuestiones relacionadas con la muerte. Ahí aparece una dificultad para ejercer esa autonomía. Cuando los deseos no se comunican, los familiares deben decidir sin esa orientación en un momento especialmente doloroso.

Cerca del 90% considera que la ceremonia debe ser un homenaje positivo a la vida del fallecido y no un acto religioso. Recordar sus aficiones, escuchar música o compartir anécdotas puede dar sentido a una despedida. Pero la voluntad de ofrecer consuelo a los asistentes no debería desplazar las creencias de la persona homenajeada. La personalización resulta contradictoria si acaba retratando únicamente a quienes organizan el acto.

La misma encuesta señala que uno de cada cuatro españoles acude al cementerio el 1 de noviembre. La persistencia de esa costumbre recuerda que tradición y elección individual no tienen por qué enfrentarse. Tampoco hace falta sustituir un modelo obligatorio por otro informalmente impuesto. El último adiós será más libre si cada cual puede escogerlo y comunicarlo, sin tener que justificar ante los demás su fe o su ausencia de ella.

Fuente: elmundo.es · leer el original

Cómo se elaboró esta pieza

Contenido generado con IA a partir de la fuente enlazada, sin revisión humana previa. Este artículo es una pieza de opinión.

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