La abundancia de familias en el cine español no demuestra falta de ideas
La coincidencia de padres, hijos y hermanos en los títulos de la temporada invita a confundir un tema compartido con una fórmula repetida. La originalidad debe buscarse en cómo se cuenta cada relación, no en el parentesco de sus protagonistas.
El cine español no necesita abandonar la familia para demostrar originalidad. Necesita que cada película encuentre una mirada propia sobre ella. La acumulación de títulos construidos con parentescos puede producir una impresión de uniformidad, pero es un criterio demasiado superficial para juzgar las historias: compartir asunto no equivale a compartir conflicto, personajes ni forma de narrar.
La proximidad entre los nombres de ‘El mal hijo’ y ‘El mal padre’ ofrece un buen ejemplo de esa confusión. No son secuelas ni pertenecen a un universo común. La primera es la ópera prima de Jaime Lorente; la segunda cuenta con Eduard Fernández. Su semejanza verbal permite agruparlas en un escaparate, pero no basta para establecer una identidad artística. Una cartelera no se convierte en una saga porque sus títulos parezcan contestarse.
Algo parecido sucede con ‘El niño’, en la que Mariano Barroso adapta la novela de Fernando Aramburu, y ‘Un hijo’, adaptación de Alejandro Palomas dirigida por Nacho La Casa. Aquí hay dos obras literarias distintas como punto de partida. Reducirlas a otra vuelta sobre la filiación borraría precisamente aquello que una adaptación debe resolver: cómo transformar una historia concreta en imágenes, no cómo ilustrar una categoría familiar.
También conviene separar el tema de las decisiones de reparto. ‘Hermanas’ está protagonizada por Elena Anaya y Emma Suárez, mientras que ‘Hermanos’ tiene jóvenes debutantes al frente. Esa diferencia no garantiza por sí sola ningún resultado, pero recuerda que bajo una etiqueta casi idéntica pueden reunirse proyectos con materiales interpretativos distintos. Ni la experiencia asegura profundidad ni el debut certifica renovación.
La comparación más fértil está en los conflictos. ‘Esta soledad’, el debut de Javier Giner en el largometraje, aborda las heridas transmitidas de padres a hijos y los afectos. ‘El ser querido’, de Rodrigo Sorogoyen, explora las complejidades de la paternidad con Javier Bardem y Victoria Luengo. El interés crítico está en cómo cada obra hace visibles esas relaciones, no en contabilizar cuántas familias aparecen en pantalla.
La exigencia, por tanto, debe dirigirse a la singularidad de las películas. Repetir un tema no es todavía repetirse como cineasta; cambiarlo tampoco asegura tener algo nuevo que decir.
Fuente: abc.es · leer el original
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