Feijóo necesita compromisos verificables, no simpatía social
La defensa del líder del PP no debería consistir en presentarlo como víctima del desprecio ajeno. Su credibilidad depende de lo que propone y de las obligaciones que acepta ante los electores.
A Feijóo hay que exigirle compromisos verificables, no popularidad entre los comentaristas. Esa es también la mejor manera de respetar a sus votantes: tratarlos como ciudadanos que evalúan opciones políticas, no como integrantes de un grupo que necesita permiso para expresar sus preferencias.
Su entrevista en la SER ofrece un punto de partida concreto. El dirigente del PP acudió a responder preguntas fuera de un entorno ideológicamente próximo. Someterse a ese contraste es una práctica saludable, pero no concede por sí sola un certificado de solvencia. Lo importante es qué respuestas ofrece, qué obligaciones asume y cómo podrán exigírsele después.
Convertir una entrevista en una competición instantánea entre Feijóo y Sánchez desplaza el examen de esas obligaciones. La pregunta relevante no es quién sale favorecido por la incomodidad del contrario, sino qué conoce ahora el elector que antes desconocía. El periodismo político sirve mejor al ciudadano cuando permite comprobar posiciones que cuando reparte victorias.
Tampoco conviene responder a ese espectáculo con una defensa sentimental del líder popular. La percepción de que un político recibe un trato injusto no acredita que sus decisiones sean acertadas. Reclamar criterios iguales para todos resulta legítimo; reclamar indulgencia para compensar una mala imagen reproduce el mismo error que se pretende combatir.
El supuesto desprestigio social del voto al PP conduce, además, a una cuestión de libertad individual. Nadie tiene obligación de revelar su papeleta en una conversación ni de justificarla ante sus conocidos. Pero ese derecho a la reserva no convierte el silencio en una promesa electoral a favor de ningún partido.
El PP debería buscar confianza, no una rehabilitación social de sus simpatizantes. Esa confianza se construye haciendo comprensibles sus compromisos y aceptando el escrutinio incluso cuando resulta incómodo. Ni el entusiasmo de una tertulia ni la discreción de una conversación privada sustituyen esa tarea. La defensa más sólida de Feijóo será la que permita exigirle cuentas, no la que pida dejar de criticárselas.
Fuente: elmundo.es · leer el original
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