El voto útil debe explicar sus cuentas, no exigir obediencia
La fragmentación de la izquierda puede favorecer a PP y Vox en determinadas provincias. Ese riesgo merece una explicación concreta, pero no convierte la concentración de candidaturas en una obligación del elector.
El voto útil debe presentarse como un cálculo electoral verificable, no como una obligación de renunciar a las preferencias propias. Ante las elecciones del 29 de noviembre, la división de las candidaturas a la izquierda del PSOE plantea un problema de representación que exige distinguir dos cuestiones: cuántos diputados puede obtener un bloque y qué opciones quieren respaldar sus electores.
La diferencia respecto a 2023 es relevante. La papeleta de Sumar agrupaba entonces candidaturas que ahora concurren por separado. En Andalucía habrá cuatro papeletas a la izquierda. Como el reparto de escaños se realiza por provincias, conservar un volumen de votos no garantiza conservar los mismos diputados cuando esos apoyos se distribuyen entre más listas.
Sevilla, Córdoba, Granada y Murcia permiten concretar el riesgo: la fragmentación podría hacer que el último escaño de la izquierda pasara a la derecha. Es una posibilidad, no un resultado anticipado. Para el votante, importa conocer dónde existe esa disputa, en lugar de recibir una advertencia nacional que trate todas las circunscripciones como si fueran iguales.
También cabe el escenario contrario en términos de estabilidad entre bloques. Si el comportamiento electoral se parece al de 2023, Aragón, Baleares, La Rioja o Navarra podrían mantener el mismo equilibrio entre quienes apoyaron a Pedro Sánchez y la oposición, aunque variase el reparto interno. Cambiar de partido no tendría necesariamente allí la misma consecuencia parlamentaria que en una provincia con el último diputado disputado.
De esa desigualdad territorial no se desprende que competir por separado sea ilegítimo. Una candidatura puede ofrecer una representación diferenciada y, al mismo tiempo, asumir un coste en escaños para su bloque. La responsabilidad de sus dirigentes consiste en explicar ambas cosas. La del elector no es maximizar automáticamente el rendimiento parlamentario de una alianza.
PP y Vox podrían beneficiarse de esa dispersión sin que cada escaño adicional expresara un trasvase equivalente de votos desde la izquierda. Conviene distinguir, por tanto, el éxito en diputados del cambio de preferencias. La aritmética provincial importa; precisamente por eso debe servir para informar la decisión ciudadana, no para sustituirla.
Fuente: elmundo.es · leer el original
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