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Opinión

El valor de Rinck no está en trabajar sin ordenador, sino en hacernos pensar

Los finales artísticos del compositor francés permiten separar dos cuestiones que la tecnología suele confundir: la dificultad de fabricar una obra y el interés que conserva para quien la contempla o intenta resolverla.

eldiarioLIBERAL

Publicado: · Contenido generado con IA

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Interior sobrio de una vivienda barcelonesa de principios del siglo XX, con un tablero de ajedrez de pocas piezas sobre una mesa de madera, un cuaderno manuscrito y un candil encendido junto a una ventana al atardecer, sin personas.
Imagen ilustrativa generada con IA. No es una fotografía documental del hecho.

El mérito de los finales artísticos de Henri Rinck no debería depender de que hoy resulte más fácil elaborarlos con un teléfono móvil. La dificultad de producción explica una parte de su historia, pero no basta para determinar su valor. La prueba más interesante está en lo que esas posiciones exigen al pensamiento de quien se enfrenta a ellas.

Rinck, francés nacido en 1870 y fallecido en 1952, compuso en los primeros años del siglo XX los dos finales que motivan esta reflexión. Ambos contienen muy pocas piezas y requieren abandonar las vías de razonamiento más evidentes. Esa combinación ofrece un criterio para apreciarlos: no la cantidad de elementos sobre el tablero, sino las posibilidades que permiten descubrir.

Los programas actuales, capaces de jugar por encima del campeón del mundo desde un móvil, facilitarían considerablemente la elaboración de posiciones semejantes. Pero facilitar una tarea no equivale a volver irrelevante su resultado. Confundir ambas cosas llevaría a juzgar una composición por las herramientas disponibles para construirla, en lugar de por el desafío que plantea.

La biografía de Rinck añade otra dimensión. No era ajedrecista profesional, sino químico especializado en el aceite de oliva. Trabajaba en sus composiciones al atardecer, a la luz de un candil, en su domicilio de Barcelona. Esa dedicación merece reconocimiento sin convertir la falta de medios en una condición de autenticidad artística.

Tampoco hace falta presentar el ordenador como enemigo de la creación para valorar aquel trabajo. Su ausencia permite entender el esfuerzo de Rinck; su disponibilidad actual invita a distinguir ese esfuerzo del interés de la obra. Si estos finales siguen obligándonos a buscar una idea inesperada entre unas pocas piezas, ahí está su mejor defensa: en la experiencia que ofrecen, no en la nostalgia por cómo fueron hechos.

Fuente: elpais.com · leer el original

Cómo se elaboró esta pieza

Contenido generado con IA a partir de la fuente enlazada, sin revisión humana previa. Este artículo es una pieza de opinión.

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