El patrimonio asturiano merece una lectura crítica, no un canon intocable
La mejor defensa de una tradición cultural no consiste en convertir a sus protagonistas en figuras irreprochables. Consiste en facilitar el acceso a sus obras y permitir que sus contradicciones también se discutan.
El patrimonio cultural asturiano merece una lectura crítica, no una prolongación del homenaje. El prestigio de los Princesa de Asturias puede servir como invitación a descubrirlo, pero celebrar una trayectoria y examinar un legado son tareas diferentes. La primera reconoce; la segunda debe dejar espacio al desacuerdo.
María José Solano propone unos premios perpetuos e imaginarios para figuras vinculadas a Asturias, acompañados de reediciones, congresos, exposiciones y presencia en las escuelas. La propuesta contiene una vía fértil para la divulgación. Su punto más interesante, sin embargo, aparece donde la celebración deja de resultar cómoda: Fernando de Valdés Salas fue fundador de la Universidad de Oviedo y también inquisidor.
Esa doble condición no obliga a escoger entre la absolución y el borrado. Obliga a estudiar ambas facetas sin utilizar una para ocultar la otra. Reconocer la fundación de una universidad no exige suspender el juicio sobre la condición de inquisidor; examinar esta última tampoco requiere negar aquella contribución. Una política cultural abierta debería facilitar esa discusión, no resolverla mediante una consagración simbólica.
El padre Feijoo ofrece otro argumento a favor de ese enfoque. Su combate contra las supersticiones permite reivindicar una forma de relacionarse con el conocimiento: desconfiar, contrastar y razonar. Sería contradictorio honrar ese legado mediante una pedagogía que pidiera admiración antes que preguntas. Llevar estos nombres a las aulas tiene sentido si también se explica por qué merecen ser debatidos.
Con la literatura sucede algo parecido. Recordar que Clarín convirtió Oviedo en Vetusta puede despertar curiosidad, pero no sustituye la lectura. Reeditar a Ramón Pérez de Ayala y acercar 'Tigre Juan' al público son propuestas que deben medirse por el acceso que proporcionan a la obra, no por la solemnidad del reconocimiento. El lector necesita libros disponibles y herramientas para interpretarlos, no una conclusión obligatoria sobre su grandeza.
La continuidad cultural no exige una ceremonia permanente. Exige que el homenaje sea una puerta de entrada y no el destino final. Asturias defenderá mejor ese patrimonio cuando permita conocerlo, discutirlo y apreciarlo sin convertir la admiración en un deber.
Fuente: abc.es · leer el original
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