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Opinión

El Mundial no debe decidir por sí solo el Balón de Oro

Los casos de Iniesta, Xavi y Buffon muestran por qué el mayor título colectivo no resuelve la elección del mejor futbolista. Convertirlo en un criterio automático tampoco haría más justa la votación.

eldiarioLIBERAL

Publicado: · Contenido generado con IA

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Un balón de fútbol sobre el césped junto a la línea de una portería, con la red en primer plano y las gradas vacías desenfocadas al fondo, iluminación nocturna de estadio, sin personas ni logotipos.
Imagen ilustrativa generada con IA. No es una fotografía documental del hecho.

Ganar el Mundial debe pesar en el Balón de Oro, pero no convertirse en un derecho preferente al premio. Un título colectivo acredita el éxito de un equipo; distinguir a un solo jugador exige comparar aportaciones individuales. La dificultad no desaparece por elegir el torneo más prestigioso como atajo: también dentro de una selección campeona hay méritos distintos que una medalla no permite ordenar.

La votación de 2010 ilustra ese problema. Andrés Iniesta marcó el gol de la final de Sudáfrica y acabó segundo. Xavi Hernández, que dirigió el juego de España, fue tercero. El ganador fue su compañero del Barcelona Lionel Messi. Defender que el Mundial debía resultar determinante permite cuestionar aquel resultado, pero deja intacta una pregunta: ¿por qué debía imponerse Iniesta a Xavi, o Xavi a Iniesta?

El gol decisivo ofrece una respuesta sencilla, aunque no necesariamente suficiente. Premiarlo por encima de todo supone dar prioridad a una acción culminante frente al trabajo que hace posible llegar hasta ella. La alternativa tampoco puede ser ignorar ese gol: una elección razonada necesita valorar tanto la intervención excepcional como la continuidad, sin confundir ninguna de las dos con una medida completa del rendimiento.

La edición de 2006 plantea una comparación diferente. Fabio Cannavaro ganó el Balón de Oro después de proclamarse campeón del mundo con Italia; Gianluigi Buffon, campeón con la misma selección, terminó segundo. El título compartido no explicaba por sí solo cuál de los dos debía ocupar el primer puesto. Era necesario distinguir entre las contribuciones de un defensa y un guardameta.

Esa comparación importa especialmente en la portería. Lev Yashin, vencedor en 1963, sigue siendo el único portero que ha obtenido el galardón. No demuestra que Buffon debiera ganar, pero sí invita a exigir un razonamiento que no reduzca la excelencia a las acciones más visibles cerca de la portería contraria.

La exigencia razonable para el Balón de Oro no es que reproduzca el resultado del Mundial. Es que la valoración individual no quede sustituida por el título colectivo ni por el recuerdo de una sola jugada. Ganar con una selección constituye un argumento poderoso; convertirlo en veredicto ahorra discusión, pero no mejora necesariamente la elección.

Fuente: Libertad Digital · leer el original

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Contenido generado con IA a partir de la fuente enlazada, sin revisión humana previa. Este artículo es una pieza de opinión.

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