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Opinión

El ascenso de los conversos no convierte la discriminación en apertura

El gran secreto, de Enrique Soria Mesa, permite distinguir entre una sociedad capaz de incorporar nuevos servidores a sus élites y otra que reconoce a sus miembros sin exigirles que oculten su origen.

eldiarioLIBERAL

Publicado: · Contenido generado con IA

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Interior de un archivo histórico español, con un volumen antiguo abierto sobre una mesa de madera y documentos genealógicos manuscritos, iluminados por una ventana lateral, sin personas.
Imagen ilustrativa generada con IA. No es una fotografía documental del hecho.

El éxito de algunos judeoconversos no demuestra la apertura de una sociedad si para alcanzarlo debían disimular su ascendencia. Esa es la distinción que merece hacerse al leer El gran secreto, del historiador Enrique Soria Mesa: la movilidad social puede coexistir con una discriminación persistente, incluso cuando quienes la padecen terminan dentro de las instituciones que la sostienen.

El catedrático de Historia Moderna de la Universidad de Córdoba describe cómo las necesidades financieras y administrativas de la monarquía hispánica favorecieron el ascenso de los judeoconversos entre los siglos XVI y XVIII. El poder necesitaba recursos y servidores competentes. Esa dependencia abrió caminos que los prejuicios sociales y las exigencias de limpieza de sangre pretendían cerrar.

Pero una vía de ascenso no equivale a una regla de igualdad. Los matrimonios de conveniencia, los cambios de apellido y las genealogías falsas que aparecen en el libro muestran el precio de aquella incorporación. No bastaba con prestar servicios o reunir riqueza: había que obtener una identidad aceptable ante quienes controlaban el acceso al prestigio y a determinados puestos.

También los pleitos por injurias revelan esa contradicción. Una sentencia favorable podía establecer judicialmente la limpieza de sangre del ofendido. La justicia ofrecía así una defensa frente al insulto, pero esa reparación no eliminaba la jerarquía del origen: permitía al demandante quedar situado en su lado protegido.

Soria Mesa sostiene, con la cautela de que no es posible una demostración exhaustiva, que los principales linajes reales compartían ascendencia judía. Examina los Enríquez, los Castilla y la Casa de Aragón, y dedica un apéndice de 15 páginas a los centenares de títulos concedidos a cristianos nuevos. El interés de estas genealogías no está en sustituir un orgullo de sangre por otro, sino en mostrar la inconsistencia del criterio utilizado para excluir.

El caso de la Inquisición lleva esa tensión al extremo: según el historiador, a finales del siglo XVII estaba masivamente integrada por descendientes de judeoconversos. Su incorporación acredita que las barreras podían franquearse, no que hubieran desaparecido. La medida de una sociedad abierta no es únicamente quién consigue llegar arriba, sino si puede hacerlo sin tener que borrar de dónde viene.

Fuente: elpais.com · leer el original

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Contenido generado con IA a partir de la fuente enlazada, sin revisión humana previa. Este artículo es una pieza de opinión.

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