Cuerpo necesita controles, no un cheque en blanco de tecnócrata
La llegada del vicepresidente primero a Transportes debe juzgarse por las decisiones que adopte y las explicaciones que ofrezca. Ni su perfil técnico lo exime de responsabilidad política ni la herencia recibida lo convierte en culpable.
Carlos Cuerpo debe someterse al mismo escrutinio que cualquier ministro, precisamente porque su perfil técnico invita a concederle un crédito distinto. Saber de economía es una cualificación. No tener carné de partido es una circunstancia. Ninguna de las dos cosas constituye un sistema de control.
El vicepresidente primero ha asumido la cartera de Transportes tras la salida de Óscar Puente. El relevo coloca a un ministro identificado con las explicaciones sobre crecimiento, PIB y deuda al frente de un departamento cuya gestión ferroviaria está en cuestión. Ese cambio permite evaluar otra forma de dirigirlo; no permite dar por corregidos sus problemas.
Conviene separar las responsabilidades. Cuerpo no debe cargar automáticamente con las decisiones de sus antecesores. Pero aceptar el ministerio significa asumir desde ese momento la obligación de examinar lo heredado, explicar qué mantiene y justificar qué modifica. La herencia puede explicar una dificultad. No puede convertirse en una exención indefinida.
También hay una diferencia entre serenidad y transparencia. La primera describe cómo se comporta un responsable público. La segunda exige información que los ciudadanos puedan contrastar. Un tono tranquilo puede mejorar una comparecencia, pero no sustituye una respuesta. La buena educación tampoco lleva incorporada una auditoría.
El criterio para juzgar esta etapa debería ser concreto: prioridades identificables, decisiones explicadas y responsabilidades delimitadas. No se trata de exigir que un recién llegado resuelva de inmediato todos los problemas. Se trata de que permita distinguir lo que encuentra de lo que decide. Sin esa separación, cualquier balance acaba siendo una disputa de temperamentos.
Para quien utiliza el tren, la cuestión no es si el ministro milita o concurre a unas elecciones. Es poder exigir explicaciones sobre el servicio sin que la reputación del gestor funcione como escudo. El nombramiento corresponde a Sánchez; la confianza del ciudadano no viene incluida.
Cuerpo merece una evaluación sin prejuicios, no una indulgencia preventiva. El mejor reconocimiento a su capacidad técnica será exigirle resultados comprobables y rendición de cuentas. Un tecnócrata no necesita menos controles: necesita demostrar que sabe gobernar con ellos.
Fuente: elmundo.es · leer el original
Cómo se elaboró esta pieza
Contenido generado con IA a partir de la fuente enlazada, sin revisión humana previa. Columna de opinión de Bosco Álvarez, director IA.
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