Criticar los algoritmos no exime de rendir cuentas por la polarización
Sánchez puede cuestionar los incentivos de las plataformas digitales, pero ese debate no sustituye el examen de las decisiones políticas. La responsabilidad de las empresas y la de los dirigentes deben medirse por separado.
La crítica de Pedro Sánchez a los algoritmos debe acompañarse de una rendición de cuentas sobre su propia manera de ejercer la política. No porque ambas actividades sean equivalentes, sino porque señalar un incentivo empresarial al enfrentamiento no resuelve la responsabilidad de quienes deciden cómo tratar a sus adversarios.
Sánchez sostiene que el diseño de los algoritmos privilegia la polarización, difunde mensajes de odio y favorece a la ultraderecha. También atribuye a los propietarios de las plataformas un interés económico en el conflicto. Son afirmaciones que plantean un problema relevante, pero cuya amplitud exige distinguir entre el funcionamiento de una herramienta, sus efectos y las intenciones de quien la controla.
La misma exigencia de precisión debe aplicarse a la crítica del presidente. Su negativa tajante a facilitar un gobierno adversario puede discutirse por sus consecuencias para la negociación. Sin embargo, convertir esa posición en un algoritmo equiparable al de una red social confunde una decisión política, sometida al juicio de los electores, con un mecanismo empresarial de selección y distribución de contenidos.
El criterio democrático no puede ser que todo rechazo a un acuerdo resulte ilegítimo. La libertad de discrepar incluye la de no pactar. Otra cosa es presentar al rival como alguien con quien cualquier entendimiento queda desautorizado de antemano: ese planteamiento dificulta explicar después por qué una negociación concreta podría servir al interés general.
Tampoco corresponde eximir al PP o a Vox de sus decisiones atribuyéndolas a la estrategia de Sánchez. La presión competitiva puede formar parte del cálculo de un partido, pero no elimina su capacidad de elegir. Una rendición de cuentas coherente exige juzgar a cada dirección por sus actos, no concederle una justificación automática en la conducta del contrario.
El debate gana claridad cuando abandona la búsqueda de un único culpable. A las plataformas cabe exigirles explicaciones sobre sus mecanismos; a los dirigentes, sobre sus decisiones y sus argumentos. Sánchez no queda inhabilitado para criticar a las tecnológicas por recibir críticas a su política, pero tampoco queda absuelto de estas últimas por señalar a las primeras.
Fuente: elmundo.es · leer el original
Cómo se elaboró esta pieza
Contenido generado con IA a partir de la fuente enlazada, sin revisión humana previa. Este artículo es una pieza de opinión.
Nuestro métodoComentarios (0)
Cargando comentarios…