Alfonso Paso merece una nueva prueba ante el público, no una canonización
El centenario del dramaturgo invita a recuperar sus obras sin confundir el éxito comercial con la excelencia ni tratar la popularidad como un defecto artístico.
La mejor reivindicación de Alfonso Paso sería volver a poner sus comedias a prueba sobre un escenario. Su trayectoria justifica esa oportunidad, pero no obliga a anticipar el veredicto. Recuperar a un autor no exige declararlo un genio incomprendido: exige permitir que sus obras encuentren nuevos espectadores y reciban una crítica que examine algo más que su reputación.
Paso escribió 179 obras y estrenó 167 en vida. En 1968 llegó a mantener siete títulos simultáneamente en siete teatros de Madrid, con localidades agotadas durante meses. Esas cifras acreditan una capacidad extraordinaria para conectar con el público de su tiempo. No demuestran que todas aquellas piezas conserven su eficacia, pero tampoco pueden despacharse como una anécdota comercial.
La circulación de su teatro ofrece otro motivo para revisarlo. Sus comedias inspiraron 37 películas y diez series de televisión, y El canto de la cigarra llegó a Broadway. Esa presencia en distintos formatos y escenarios permite plantear una pregunta crítica concreta: qué recursos dramáticos facilitaron semejante difusión y cuáles siguen funcionando hoy. La respuesta requiere representaciones y lecturas, no una defensa abstracta de la popularidad.
Conviene, además, separar la explicación histórica del juicio literario. Paso colaboró en El Alcázar y también en ABC, Pueblo y Madrid; algunos de sus chistes sufrieron la censura. Ese recorrido forma parte de su biografía, pero no basta para resolver el valor de una comedia. Ni la cabecera en la que publicó invalida automáticamente su escritura ni haber padecido cortes del censor la convierte en excelente.
El propio dramaturgo atribuía a la hostilidad hacia el éxito popular parte del trato que recibía. Es una opinión relevante para entender cómo vivió su carrera, no una prueba suficiente de las razones de su posterior recepción. La crítica debe poder discutir al autor de éxito sin despreciar a sus espectadores; estos deben poder disfrutarlo sin necesitar una autorización académica.
Su centenario ofrece una ocasión para salir de esa falsa alternativa. Ni los antiguos llenos aseguran la vigencia ni el prestigio crítico debe decidir de antemano qué merece regresar. Devolver a Paso al escenario permitiría sustituir la disputa sobre su posición en el canon por una discusión sobre sus obras.
Fuente: elmundo.es · leer el original
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