Un maquinista jubilado denuncia que las pérdidas de señal del LZB pasaron de excepcionales a semanales
Manuel Domínguez relata un aumento de las incidencias durante sus últimos años de servicio y reclama investigar los fallos técnicos y operativos del accidente de Urda sin anticipar responsabilidades.
El maquinista jubilado Manuel Domínguez ha denunciado que las pérdidas de transmisión del sistema de señalización LZB se hicieron mucho más frecuentes al final de su trayectoria profesional. Según su testimonio, entre 2014 y 2022 experimentó apenas dos o tres incidencias, mientras que durante sus dos últimos años de servicio, hasta 2024, registraba una cada semana o cada dos semanas.
En una entrevista en el programa En Casa de Herrero, Domínguez atribuyó ese cambio a un deterioro de los equipos. Apuntó como posibles factores la obsolescencia tecnológica, la antigüedad de los ordenadores y las deficiencias en las instalaciones y los aislamientos de la vía, y reclamó inversión y mantenimiento.
Su intervención se produce tras el accidente ferroviario de Urda, en Toledo, cuyo balance provisional es de 69 fallecidos. La Guardia Civil mantiene las labores de identificación de las víctimas y la recogida de pruebas para esclarecer las circunstancias del siniestro.
Domínguez sostuvo que el LZB es seguro cuando funciona correctamente, porque impide superar la velocidad permitida. Para la seguridad de los viajeros, situó el problema en la reiteración de las averías: según explicó, cada pérdida de transmisión obliga a recurrir a procedimientos en los que aumenta la intervención humana.
El maquinista también cuestionó la gestión del personal de los centros de control de Adif. A su juicio, la jubilación de trabajadores experimentados y la incorporación de nuevos empleados sin suficiente acompañamiento de veteranos dificultan la respuesta cuando coinciden varias averías. Describió situaciones de elevada presión para quienes deben gestionar esas incidencias.
Sobre la actuación del tren siniestrado, Domínguez explicó que, ante una pérdida de transmisión con velocidad meta cero, la normativa exige reanudar la circulación a marcha a la vista y con un máximo de 40 kilómetros por hora, para poder detenerse ante un obstáculo. Según su análisis, esa precaución no se aplicó en el convoy accidentado.
No obstante, insistió en que la secuencia de órdenes y decisiones debe investigarse y evitó establecer una responsabilidad definitiva. Señaló que también deben examinarse otros posibles fallos relacionados con la infraestructura y los sistemas.
Fuente: Libertad Digital · leer el original
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