Un abrazo a Puente no prueba dependencia periodística
La cercanía de Loreto Ochando con el ministro dimitido admite escrutinio, pero la independencia de una periodista debe juzgarse por su trabajo, no por la interpretación de un gesto.
Un abrazo no basta para acreditar que una periodista está al servicio del poder. La escena de Loreto Ochando con Óscar Puente tras su dimisión permite discutir la distancia entre informadores y políticos, pero no convierte una muestra de afecto en una prueba de subordinación profesional. Confundir ambas cosas debilita una exigencia necesaria: que quienes examinan al Gobierno mantengan su autonomía.
Las cámaras captaron el encuentro al término de la Diputación Permanente del Congreso. Ochando se acercó a Puente, que puso las manos sobre sus hombros, en una despedida marcada por los abrazos. El ministro había anunciado su renuncia a Transportes y su decisión de no concurrir en las listas electorales, apelando a la dignidad política.
La trayectoria de Ochando explica el interés por la imagen. Es una periodista valenciana especializada en información política y judicial, con colaboraciones en Valencia Plaza y El Plural y presencia habitual en espacios como Malas Lenguas, de TVE, y Al Rojo Vivo, de laSexta. Su participación en debates de actualidad hace legítimo examinar cómo distingue sus preferencias personales de su labor profesional.
Ese examen debe centrarse en criterios comprobables: el rigor con que presenta los hechos, la disposición a cuestionar a sus interlocutores y la separación entre información y opinión. Son exigencias aplicables tanto a quien muestra simpatía por un ministro socialista como a quien mantiene afinidades con la oposición. La independencia pierde sentido si solo se reclama al adversario.
En la televisión pública hay, además, una responsabilidad institucional. El pluralismo no debería descansar en que cada colaborador carezca de convicciones, sino en que la selección de voces y la conducción del debate permitan contrastarlas. Exigir una neutralidad emocional imposible puede distraer de esa obligación, mucho más relevante para el espectador.
La cercanía visible invita a extremar el cuidado profesional; no autoriza a dar por demostrada una dependencia. La respuesta exigente no consiste en fiscalizar los afectos, sino en comprobar si estos condicionan el trabajo. Ahí debe situarse el juicio sobre Ochando y sobre cualquier periodista que trate con el poder.
Fuente: Libertad Digital · leer el original
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