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Cultura

Houellebecq defiende una literatura que describa al ser humano sin pretender cambiarlo

El novelista francés reivindica la observación social y la imaginación como herramientas de su oficio y relativiza la fama de profeta que acompañó a ‘Serotonina’.

eldiarioLIBERAL

Publicado: · Contenido generado con IA

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Mesa de trabajo junto a una ventana en un interior sobrio, con un cuaderno abierto, hojas manuscritas, una taza de café y varias novelas apiladas, luz natural de otoño, sin personas ni textos legibles.
Imagen ilustrativa generada con IA. No es una fotografía documental del hecho.

Michel Houellebecq sostiene que el cometido de sus novelas es describir a los seres humanos y sus comportamientos, no reformarlos. En una entrevista en Bilbao, el escritor ha reafirmado esa concepción de su trabajo, aunque introduce una distinción: otros autores, como los religiosos, sí pueden proponerse transformar a sus lectores sin dejar por ello de hacer literatura.

Su posición no implica apartarse de la realidad colectiva. Houellebecq considera que la sociología tiene un lugar en la ficción y reconoce en la observación de los comportamientos sociales una de sus habilidades. Frente a los novelistas que se concentran en la psicología, él encuentra materia narrativa en las relaciones entre las personas y su entorno.

El autor vincula esa inclinación con la percepción: no todos los escritores reparan en las mismas cosas. Más que presentar su método como una obligación para la novela, lo explica como el aprovechamiento de aquello que sabe hacer, observar y analizar la conducta social.

También concede importancia a la elección de los asuntos. Al comparar su trabajo con el de Emmanuel Carrère, a quien reconoce esa capacidad, señala una diferencia de procedimiento: considera que Carrère necesita implicarse personalmente en lo que cuenta, mientras que a él le basta con la imaginación.

Como ejemplo, recuerda el origen de las protestas de agricultores que aparecen en ‘Serotonina’. Según explica, surgieron de la decisión de situar la novela en un lugar determinado, donde había ganaderos dedicados a la producción de leche. La actividad de esos personajes respondió así al escenario elegido para la narración.

Houellebecq admite la proximidad geográfica y social entre aquel mundo y el movimiento de los chalecos amarillos, pero considera exagerada la condición de profeta que se le atribuyó por esa coincidencia.

El escritor ha confirmado además que trabaja en un nuevo libro, cuyo contenido no ha querido adelantar. Vincula esa reserva con su forma de escribir: necesita soledad y considera que las reacciones ajenas, cuando comparte una obra en marcha, interfieren en el proceso.

Fuente: abc.es · leer el original

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