Un capellán ucraniano pide a los reclutas que no maten salvo que sea estrictamente necesario
Sergi Sager, antiguo desminador y ahora capellán de batallón, acompaña a soldados que se preparan para su primera misión en el Donbás. Su labor incluye visitas a primera línea, confesiones y apoyo a militares creyentes y no creyentes.
El capellán militar ucraniano Sergi Sager pidió a un grupo de nuevos reclutas que no mataran salvo que fuera estrictamente necesario durante una ceremonia religiosa previa a su entrada en combate en el Donbás. Los soldados habían terminado la instrucción y se encontraban en un campamento oculto en un bosque, su última parada antes de acceder al frente.
Sager, de 42 años, cantó salmos mientras se escuchaban explosiones de bombas aéreas a unos kilómetros. Después bendijo a los militares con agua bendita y repartió pequeñas biblias de bolsillo con oraciones para combatientes. Al explicar su mensaje, sostuvo que no les pide que maten, sino que defiendan su tierra.
Sacerdote desde 2011, con estudios de teología y profesor de religión en un colegio, Sager sirvió como desminador antes de incorporarse a la capellanía. Según relató, el cambio llegó por una orden del comandante: tuvo que entregar el fusil y asumir el servicio religioso. Ahora es capellán de batallón con rango de capitán.
Aunque lleva una pistola en una funda sobaquera, afirma que no pretende matar a nadie con ella y recuerda que los capellanes son oficialmente personal no combatiente. Justifica llevar el arma por la posibilidad de tener que actuar para proteger a sus compañeros ante peligros como los drones.
Su trabajo incluye visitas a unidades de combate y estancias en posiciones de primera línea. Según explicó, su última rotación comenzó el 6 de octubre y pasó tres días en cada refugio junto a los soldados. También aseguró haber sobrevivido a dos ataques con misiles balísticos Iskander dos meses antes.
La asistencia religiosa se adapta a las condiciones del frente: los rezos son breves y las confesiones, individuales, a veces se realizan por teléfono. Sager señala que presta ayuda tanto a creyentes como a quienes no lo son.
Los funerales son la parte más difícil de su tarea, según reconoce. Tras enterrar a un amigo, fue enviado durante diez días a un curso sobre ayuda a militares en combate activo en el que participaba un psiquiatra. Asegura que después se sintió mucho mejor. Antes de marcharse hacia el frente, varios de los nuevos reclutas le pidieron su número de teléfono.
Fuente: elmundo.es · leer el original
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